El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Así que usted entró aquí, señor Rouletabille; sin embargo, había dado la orden al tío Jacques de no dejar entrar a nadie; él estaba al cuidado del pabellón.
—No riña al tío Jacques; vine aquí con el señor Robert Darzac.
—¡Ah!, desde luego… —exclamó el señor Marquet descontento, y echando una mirada hacia donde estaba el señor Darzac, que seguía en silencio.