El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Veinte años de mi vida —respondió sordamente el ilustre profesor—, o, por mejor decir, de nuestra vida, de mi hija y mÃa. SÃ, nuestros más preciosos documentos, las relaciones más secretas sobre nuestros experimentos y trabajos de veinte años estaban encerrados ahÃ. Era una verdadera selección de entre tantos documentos como llenan esta habitación. Es una pérdida irreparable para nosotros y, me atrevo a decir, para la ciencia. Todas las etapas por las que tuve que pasar para llegar a la prueba decisiva de la aniquilación de la materia habÃan sido cuidadosamente enunciadas, etiquetadas, anotadas e ilustradas con fotografÃas y dibujos por nosotros. Lo tenÃamos todo guardado ahÃ. El plano de tres nuevos aparatos: uno para estudiar la pérdida bajo la influencia de los rayos ultra-violetas de los cuerpos previamente electrizados; otro, que iba a hacer visible la pérdida eléctrica bajo la acción de las partÃculas de materia disociada contenida en el gas de las llamas; el tercero, muy ingenioso, un nuevo electroscopio condensador diferencial; toda la compilación de nuestras curvas traduciendo las propiedades fundamentales de la sustancia intermediaria entre la materia ponderable y el éter imponderable; veinte años de experimentos sobre la quÃmica intra-atómica y sobre los equilibrios ignorados de la materia; un manuscrito que yo querÃa publicar con el tÃtulo de Los Metales que sufren. ¡Qué sé yo, qué sé yo!… El hombre que vino aquà me lo robó todo…, mi hija y mi obra…, mi corazón y mi alma…