El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Y fue cuando descubrimos en el suelo «mi revólver». Sí, mi propio revólver… ¡Esto sí que me devolvió a la realidad! El diablo no habría necesitado robarme el revólver para matar a la señorita. El hombre que había estado allí había subido primero a mi desván, había cogido el revólver de mi cajón y lo había utilizado para sus perversos designios. Entonces, al examinar las balas, comprobamos que el asesino había disparado dos veces. Pues sí, señor, dentro de lo malo, fue una suerte para mí que el señor Stangerson se encontrara en el laboratorio cuando sucedió aquello y pudiera comprobar con sus propios ojos que yo también estaba allí, pues, de lo contrario, con esa historia del revólver no sé adonde hubieran ido a parar las cosas. Para mí que estaría ya en la cárcel. ¡La justicia no necesita más para llevar a un hombre al cadalso!
El redactor de Le Matin terminaba la entrevista con las líneas siguientes: