El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Finalmente —prosiguió Frédéric Larsan—, la vieja boina vasca que se encontró igualmente en el «Cuarto Amarillo» hubiera podido ir en otra época en la cabeza del tÃo Jacques. Todo esto, señor jefe de la Seguridad y señor juez de instrucción, demuestra, a mi parecer…, ¡tranquilo, buen hombre! —dijo al tÃo Jacques, que estaba desfalleciendo—, todo esto demuestra, a mi parecer, que el asesino quiso disfrazar su verdadera personalidad. Lo hizo de una forma bastante vulgar o por lo menos asà nos parece, porque estamos seguros de que el asesino no es el tÃo Jacques, que no dejó al señor Stangerson. Pero imaginen que aquella noche el señor Stangerson no hubiera prolongado su velada; que, después de dejar a su hija, regresara al castillo; que la señorita Stangerson fuera asesinada cuando ya no quedaba nadie en el laboratorio y que el tÃo Jacques durmiera en el desván: ¡A nadie le hubiera cabido duda de que el tÃo Jacques fuera el asesino! Sólo debe su salvación al hecho de que el drama estalló demasiado pronto, sin duda al creer el asesino, por el silencio que reinaba al lado, que el laboratorio estaba vacÃo y que habÃa llegado el momento de actuar. El hombre que pudo introducirse aquà tan misteriosamente y tomar tales precauciones contra el tÃo Jacques era, no cabe la menor duda, un familiar de la casa. ¿A qué hora exactamente se introdujo aquÃ? ¿Por la tarde? ¿Por la noche? No sabrÃa decirlo… Un ser tan familiar para las cosas y las gentes de este pabellón debió de entrar en el «Cuarto Amarillo» a su hora.