El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Esperaba encontrar a Rouletabille en la estación de Epinay, pero no estaba. Sin embargo, me esperaba un cabriolé y llegué en seguida al Glandier. Nadie en la reja. No vi a nuestro joven hasta llegar al mismo umbral del castillo. Me saludó con un gesto amistoso y me abrazó a continuación pidiéndome efusivamente noticias de mi salud.
Cuando estuvimos en el viejo salón de que ya he hablado, Rouletabille me hizo sentar y me dijo a continuación:
—¡La cosa está mal!
—¿Qué es lo que está mal?
—¡Todo!
Se acercó a mí y me confió al oído:
—Frédéric Larsan se ha lanzado a fondo contra el señor Robert Darzac.
Desde el día en que vi al novio de la señorita Stangerson palidecer ante la huella de sus pasos, aquello no podía extrañarme mucho.
Sin embargo, hice notar al instante:
—¡Bueno! ¿Y el bastón?
—¡El bastón! Sigue en manos de Frédéric Larsan y no lo suelta…
—Pero… ¿no proporciona una coartada a Robert Darzac?