El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo »—Usted iba a casarse con ella —dije descuidadamente, sin mirar más a mi interlocutor—, y, de repente, esta boda se hace imposible a causa del autor de esta carta, pues, nada más leer la carta, usted habla de la necesidad de un crimen para que la señorita Stangerson sea suya. ¡ASÍ PUES, HAY ALGUIEN ENTRE USTED Y LA SEÑORITA STANGERSON, ALGUIEN QUE LA PROHÍBE CASARSE, ALGUIEN QUE LA MATA ANTES QUE SE CASE!
»Y terminé este pequeño discurso con estas palabras:
»—¡Ahora, señor, no tiene más que confiarme el nombre del asesino!
»Sin darme cuenta, debí de decir cosas formidables. Cuando volví a levantar los ojos hacia Robert Darzac, vi un rostro descompuesto, una frente bañada en sudor, unos ojos llenos de espanto.