El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Volvamos primero a Robert Darzac —dijo Rouletabille, tranquilizándome—; estaba diciéndole que todo se vuelve contra él. «Los pasos elegantes» puestos de relieve por Frédéric Larsan parecen efectivamente «los pasos del novio de la señorita Stangerson». Las rodadas de la bicicleta pueden ser las rodadas de «su» bicicleta; la cosa ha sido controlada. Desde que tenÃa esa bicicleta siempre la dejaba en el castillo. ¿Por qué llevársela a ParÃs precisamente en este momento? ¿No iba a volver más al castillo? ¿Iba la ruptura de su boda a acarrear la ruptura de sus relaciones con los Stangerson? Todos los interesados afirman que las relaciones hubieran seguido. ¿Entonces? Frédéric Larsan cree que «habÃan roto definitivamente». Desde el dÃa en que Robert Darzac acompañó a la señorita Stangerson a los grandes almacenes de la Louve, hasta el dÃa siguiente del crimen, no volvió el ex novio al Glandier. Hay que recordar que la señorita Stangerson perdió su bolso y la llave con cabeza de cobre cuando estaba en compañÃa de Robert Darzac. Desde aquel dÃa hasta la fiesta del ElÃseo el profesor de la Sorbona y la señorita Stangerson no se vieron. Pero pudieron haberse escrito. La señorita Stangerson fue a buscar una carta a la lista de correos de la oficina 40, carta que Frédéric Larsan cree de Robert Darzac, pues Frédéric Larsan, que, por supuesto, no sabe nada de lo que pasó en el ElÃseo, ha llegado a pensar que el mismo Robert Darzac robó el bolso y la llave, con el designio de forzar la voluntad de la señorita Stangerson, apropiándose de los papeles más preciosos de su padre y que hubiera restituido bajo condición de boda. Todo esto serÃa un? hipótesis dudosa y casi absurda, como el mismo gran Fred me decÃa, si no hubiera algo más, algo mucho más grave. Primero, cosa extraña y que no logro explicarme: serÃa el mismo señor Darzac en persona quien, el 24, habrÃa ido a pedir la carta en la oficina de correos, carta que habÃa sido retirada la vÃspera por la señorita Stangerson; la descripción del hombre que se presentó a la taquilla responde punto por punto a las señas del señor Darzac. Éste, a las preguntas que el juez de instrucción le hizo, a tÃtulo de simple información, niega haber ido a la oficina de correos: y yo creo a Robert Darzac; pues, aun admitiendo que la carta fuera escrita por él (cosa que no pienso), sabÃa que la señorita Stangerson la habÃa cogido, ya que se la vio en las manos en los jardines del ElÃseo. Asà pues, no fue él quien se presentó al dÃa siguiente 24 en la oficina 40 para pedir una carta que sabÃa que no estaba allÃ. Para mÃ, es alguien que se le parecÃa extrañamente, y es también el ladrón del bolso, el cual debió de pedir en la carta algo a la propietaria del bolso, a la señorita Stangerson, «algo que no vio llegar». Debió de quedar estupefacto y llegó a preguntarse si la carta que habÃa echado con la inscripción M.A.T.H.S.N. en el sobre habÃa sido recogida. De ahà su gestión en la oficina de correos y su insistencia en reclamar la carta. Luego se va furioso. ¡La carta ha sido retirada y, sin embargo, lo que pedÃa no le ha sido concedido! ¿Qué pide en ella? Nadie lo sabe, a excepción de la señorita Stangerson. El caso es que al dÃa siguiente nos enterábamos de que la señorita Stangerson habÃa estado a punto de ser asesinada durante la noche, y yo descubrÃa dos dÃas después que, al mismo tiempo, habÃan robado al profesor gracias a la llave, objeto de la carta de la lista de correos. Por eso me parece que el hombre que fue a la oficina de correos es el asesino; y este razonamiento, de los más lógicos en suma, sobre los motivos de la gestión del hombre en la oficina de correos Frédéric Larsan se lo ha hecho, pero aplicándolo a Robert Darzac. Puede suponer que el juez de instrucción, Larsan y yo mismo hemos hecho todo lo posible por obtener en la oficina de correos detalles parecidos acerca del extraño personaje del 24 de octubre. Pero no pudimos saber de dónde venÃa y adónde se fue. Fuera de esa descripción que le hace parecerse al señor Robert Darzac, ¡nada! He puesto en los más grandes periódicos este anuncio: «Se ofrece una fuerte recompensa al cochero que llevó a un cliente a la oficina de correos 40, en la mañana del 24 de octubre, hacia las 10. Dirigirse a la redacción de L’Epoque y preguntar por M. R.» No dio resultado. En suma, a lo mejor el hombre fue andando; pero, puesto que tenÃa prisa, habÃa que probar a ver si habÃa ido en coche. En la nota que puse en los periódicos no di la descripción del hombre, para que todos los cocheros que pudieran haber llevado hacia esa hora a un cliente a la oficina 40 vinieran hacia mÃ. No vino ni uno. Y dÃa y noche me he preguntado: «¿Quién es, pues, ese hombre que se parece tan extrañamente a Robert Darzac y que vuelvo a encontrar comprando el bastón que fue a parar a manos de Frédéric Larsan?» Lo más grave de todo es que el señor Darzac, que tenÃa que dar una clase en la Sorbona a esa misma hora, a la hora en que su sosias se presentaba en la oficina de correos, no la dio. Un amigo suyo lo sustituyó. Y cuando se le interroga por el empleo de su tiempo responde que fue a pasearse al bosque de Boulogne. ¿Qué piensa usted de un profesor que es sustituido en su clase para ir a pasearse al bosque de Boulogne? Finalmente, tiene que saber que, si Robert Darzac confiesa haber ido a pasearse al bosque de Boulogne la mañana del 24, ¡no puede en absoluto decir cómo empleó su tiempo la noche del 24 al 25!… Cuando Frédéric Larsan le pidió esa información, le respondió, con mucha calma, que lo que hacÃa con su tiempo en ParÃs sólo le importaba a él… A esto, Frédéric Larsan juró abiertamente que él sabrÃa descubrir sin ayuda de nadie el empleo de ese tiempo. Todo ello parece dar cierto peso a las hipótesis del gran Fred; tanto más cuanto que el hecho de hallar a Robert Darzac en el «Cuarto Amarillo» vendrÃa a corroborar la explicación del policÃa sobre cómo pudo huir el asesino: ¡El señor Stangerson lo habrÃa dejado pasar para evitar un escándalo espantoso! Por lo demás, esta hipótesis, que yo creo falsa, extraviará a Frédéric Larsan, lo cual no me disgustarÃa de no haber un inocente por medio. ¿Ahora esa hipótesis extravÃa realmente a Frédéric Larsan? ¡Ésa es la cosa! ¡Ésa es la cosa! ¡Ésa es la cosa!