El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Después de colocar de esta forma a mi gente, volví a salir del castillo, corrí hasta la escalera, la volví a poner contra la pared y, revólver en mano, trepé.
Si alguien se sonríe de tantas precauciones previas, lo remitiré al misterio del «Cuarto Amarillo» y a todas las pruebas que teníamos de la fantástica astucia del asesino; por otra parte, si mis observaciones le parecen a alguien excesivamente meticulosas en un momento en que hay que estar enteramente poseído por la rapidez del movimiento, de la decisión y de la acción, le replicaré que he querido relatar aquí largo y tendido todas las disposiciones de un plan de ataque concebido y ejecutado tan rápidamente como lento resulta su desarrollo bajo mi pluma. He querido esta lentitud y esta precisión para estar seguro de no omitir nada de las condiciones en las que se produjo el extraño fenómeno que, hasta nueva orden y natural explicación, me parece que muestra mejor que todas las teorías del profesor Stangerson «la disociación de la materia», incluso, diría yo, la disociación «instantánea» de la materia.