El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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Al llegar ahí, ve a su izquierda, casi encima de él, al señor Stangerson; entonces escapa por la derecha, hacia el recodo de la galería, «que es, además, el camino preparado para su huida». En la intersección de las dos galerías ve a la vez, como explico más arriba, a Frédéric Larsan al extremo del recodo de la galería y en frente al tío Jacques, al extremo de la galería recta. El señor Stangerson y yo llegamos por detrás. ¡Es nuestro! ¡No se nos puede escapar!… Este plan me parecía el más prudente, el más seguro «y el más sencillo». Si hubiéramos podido colocar directamente a alguien detrás de la puerta del gabinete de la señorita Stangerson, que daba a la habitación, quizá «a esos que no piensan» les hubiera parecido más sencillo sitiar directamente las dos puertas de la habitación en donde estaba el hombre, la del gabinete y la de la antecámara; pero sólo podíamos entrar en el gabinete por el salón, cuya puerta había cerrado por dentro el inquieto cuidado de la señorita Stangerson. Así pues, este plan que se le hubiera ocurrido a cualquier guardia de tráfico, se hacía impracticable. Pero yo, que tengo la obligación de pensar, diré que, hasta si hubiera dispuesto libremente del gabinete, habría mantenido mi plan tal como acabo de exponerlo, pues otro plan de ataque directo «nos separaba a los unos de los otros en el momento de la lucha con el hombre», mientras que mi plan «reunía a todos para el ataque» en un lugar que había determinado con una precisión casi matemática. Este sitio era la intersección de las dos galerías.


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