El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Así pues, después de indicarle, como ya he dicho, su puesto al tío Jacques y «verlo allí», coloqué al señor Stangerson delante del descansillo de la escalera, no lejos de la puerta de la antecámara de su hija. Todo hacía prever que, en cuanto yo acosara al asesino en la habitación, éste escaparía por la antecámara antes que por el gabinete, donde estaban las mujeres y cuya puerta había sido cerrada por la misma señorita Stangerson, si, como yo pensaba, se había refugiado en el gabinete «¡para no ver al asesino que iba a venir a sus aposentos!» Sea lo que fuere, siempre volvería a caer en la galería, «donde mi gente lo aguardaba en todas las salidas posibles».