El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Cuando le juré que su hija no estaba en la habitación y que no corrÃa ningún peligro, accedió a calmar su impaciencia y dejarme la dirección de los acontecimientos. Dije también al tÃo Jacques y al señor Stangerson que no debÃan venir hacia mà hasta que no los llamara o disparase un tiro, «y mandé al tÃo Jacques que se colocara» ante la ventana situada al extremo de la galerÃa recta (la ventana lleva el número 2 en mi plano). Escogà este puesto para el tÃo Jacques porque imaginaba que el asesino, acosado a su salida de la habitación, escaparÃa por la galerÃa para alcanzar la ventana que dejó abierta, y al llegar al cruce de las galerÃas y ver de repente ante esta última ventana a Larsan guardando el recodo de la galerÃa, proseguirÃa su camino por la galerÃa recta. Allà se encontrarÃa con el tÃo Jacques, que le impedirÃa saltar al parque por la ventana que se abrÃa al extremo de la galerÃa recta. Ciertamente, asà deberÃa actuar el asesino en semejante circunstancia, si conocÃa los lugares (y esta hipótesis no ofrecÃa ninguna duda para mÃ). En efecto, debajo de esta ventana habÃa una especie de contrafuerte. Todas las otras ventanas de las galerÃas daban a fosos a tal altura que casi era imposible saltar por ellas sin romperse la cabeza. Puertas y ventanas estaban sólidamente y bien cerradas, incluso la puerta del cuarto trastero al extremo de la galerÃa recta: me habÃa cerciorado de ello rápidamente.