El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Mathilde Stangerson apareció en el umbral de la antecámara —prosiguen las notas de Rouletabille—. Casi estábamos a su puerta, en la galerÃa donde acababa de pasar el increÃble fenómeno. Hay momentos en que uno siente que sus sesos se le van por todas partes. Una bala en la cabeza, un cráneo que estalla, la sede de la lógica asesinada, la razón en pedazos… Todo ello era, sin duda, comparable a la sensación, que me agotaba, «que me vaciaba», del desequilibrio de todo, del fin de mi yo pensante, ¡pensante con mi pensamiento de hombre! La ruina moral de un edificio racional, sumada a la ruina real de la visión fisiológica cuando los ojos siguen viendo claro, ¡qué golpe tan horrible en el cráneo!