El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Sea como fuere, en medio de la gran confusión de mi mente fui, pues, al patio y me incliné sobre las huellas, sobre todas las huellas que habÃa por allÃ, pidiéndoles la primera indicación que tanta falta me hacÃa para agarrarme a algo «razonable», algo que me permitiera «razonar» sobre los acontecimientos de la «galerÃa inexplicable». ¿Cómo razonar?… ¿Cómo razonar?
¡Ah! ¡Razonar siguiendo el lado bueno de la razón! Desesperado, me siento en una piedra del patio desierto… ¿Qué estoy haciendo desde hace más de una hora sino la más vil tarea del más ordinario policÃa…? ¡Voy en busca del error como el primer inspector que llega, siguiendo la huella de unos pasos «que me harán decir lo que quieran»!