El Misterio del cuarto amarillo

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Capítulo 22 - El cadáver increíble

Con una ansiedad inexpresable, me incliné sobre el cuerpo del reportero, ¡y tuve la alegría de comprobar que dormía! Dormía con el mismo sueño profundo y enfermizo con que había visto dormirse a Frédéric Larsan. También él era víctima del narcótico que habían echado en nuestros alimentos. ¿Cómo no había sufrido yo la misma suerte? Pensé entonces que debían de haber echado el narcótico en el vino o en el agua; pues así todo se explicaba: «Yo no bebo comiendo». Dotado por la naturaleza de una gordura prematura, sigo un régimen seco, como dicen. Sacudí con fuerza a Rouletabille, pero no conseguía hacerle abrir los ojos. Aquel sueño, no cabía duda, tenía que ser obra de la señorita Stangerson.

Ella debió de pensar seguramente que, más aún que su padre, era de temer la vigilancia de aquel joven que lo preveía todo, que lo sabía todo. Recordé que el mayordomo nos recomendó, al servirnos, un excelente Chablis que, sin duda, había pasado antes por la mesa del profesor y de su hija.




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