El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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—¡El cerrojo echado por dentro!… Sí que tomó precauciones la señorita Stangerson… «Para mí que la señorita Stangerson sabía que tenía que temer a alguien»; tomó sus precauciones; «hasta cogió el revólver del tío Jacques», sin decírselo. Sin duda, no quería asustar a nadie; sobre todo no quería asustar a su padre… «Ocurrió lo que la señorita Stangerson tanto temía»… y se defendió y hubo una pelea y se sirvió con bastante habilidad del revólver para herir al asesino en la mano (y así se explicaría la impresión de la larga mano de hombre ensangrentada en la pared y en la puerta, de ese hombre que buscaba casi a tientas una salida para huir), pero no disparó con la suficiente rapidez para escapar al golpe terrible que iba a recibir en la sien derecha.

—¿No fue, pues, el revólver el que hirió a la señorita Stangerson en la sien?

—El periódico no lo dice y yo, por mi parte, no lo pienso; pues me parece lógico que el revólver haya servido a la señorita Stangerson contra el asesino. Pero ¿cuál fue el arma del asesino? El golpe en la sien parece atestiguar que el asesino quiso matar a señorita Stangerson…, después de intentar en vano estrangularla… El asesino debía de saber que el tío Jacques vivía en el desván, y fue una de las razones por las que, pienso yo, quiso obrar con «un arma silenciosa», quizá una cachiporra o un martillo…


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