El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —¡Todo esto —exclamé— no nos explica cómo salió nuestro asesino del «Cuarto Amarillo»!
—Desde luego —respondió Rouletabille, levantándose—, y, como hay que explicarlo, voy al castillo del Glandier, y vengo a buscarle para que también venga conmigo…
—¿Yo?
—SÃ, querido amigo, lo necesito. L’Epoque me encargó definitivamente de este caso, y tengo que aclararlo lo antes posible.
—¿Pero en qué puedo ayudarlo yo?
—El señor Robert Darzac está en el castillo del Glandier.
—Es verdad… ¡Su desesperación no debe de tener lÃmites!
—Tengo que hablar con él…
Rouletabille pronunció esa frase en un tono que me sorprendió:
—¿Es que…, es que ve algo interesante por ese lado? —pregunté.
—SÃ.
Y no quiso decir más. Pasó al salón y me rogó que me aviara de prisa.