El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Yo hubiera querido prolongar la entrevista, pero él me estrechó fuertemente la mano, deseándome que lo pasara bien, y sólo tuve tiempo de preguntarle:
—¿No teme usted que, durante su ausencia, se cometan nuevos atentados?
—Desde que el señor Darzac está en la cárcel —dijo—, ya no temo ninguna cosa de esa clase.
Tras esta frase extraña, me dejó. Ya no iba a volver a verlo hasta el momento del proceso Darzac, en la sala de audiencias, cuando compareció ante el Tribunal para «explicar lo inexplicable».