El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo El jurado de Seine-et-Oise ha sido llamado hoy para juzgar uno de los casos más misteriosos que se hayan dado en los anales judiciales. Jamás proceso alguno ha presentado tantos puntos oscuros, incomprensibles, inexplicables. Y, sin embargo, la acusación no ha dudado en hacer sentar en el banquillo de los acusados a un hombre respetado, estimado, amado por todos los que lo conocen, un joven sabio, esperanza de la ciencia francesa, cuya existencia entera ha sido un modelo de trabajo y probidad. Cuando París se enteró de la detención de Robert Darzac, en todas partes se elevó un grito unánime de protesta. La Sorbona en pleno, deshonrada por el gesto inaudito del juez de instrucción, proclamó su fe en la inocencia del novio de la señorita Stangerson. El mismo señor Stangerson atestiguó abiertamente el error en que se había extraviado la justicia, y nadie duda que si la víctima pudiera hablar vendría a reclamar a los doce miembros del jurado de Seine-et-Oise al hombre que ella quería hacer su esposo y que la acusación quiere enviar al cadalso. Esperemos que un día no lejano la señorita Stangerson recobre la razón, que ha naufragado momentáneamente en el horrible misterio del Glandier. ¿Quieren ustedes que vuelva a perderla cuando se entere de que el hombre que amaba ha muerto a manos del verdugo? Esta pregunta va dirigida al jurado, «con el que nos proponemos hablar hoy mismo».