El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo La lectura del acta de acusación concluyó como casi siempre, sin incidentes. No voy a relatar aquà el largo interrogatorio que sufrió el señor Darzac. Él respondió de la forma más natural y más misteriosa a la vez. «Todo lo que podÃa decir» pareció natural, todo lo que calló pareció terrible para él, incluso a los ojos de los que «presentÃan» su inocencia. Su silencio acerca de los puntos que ya conocemos se volvió contra él y parecÃa indudable que ese silencio iba fatalmente a aplastarlo. Resistió a las amonestaciones del presidente y del ministerio público. Le dijeron que, en tal circunstancia, callarse equivalÃa a la muerte.
—Está bien —dijo—. Pues la sufriré. ¡Pero soy inocente!