El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo »En cuanto a la marca en la pared de la mano del asesino herido por el revólver de la señorita Stangerson, esa marca evidentemente había sido dejada «antes», y el asesino había sido herido necesariamente durante la primera fase, es decir, ¡mientras estaba allí! Todas las huellas del paso del asesino naturalmente habían sido dejadas durante la primera fase: el hueso de cordero, los pasos negros, la boina, el pañuelo, la sangre en la pared, en la puerta y en el suelo… Es evidente que si esas huellas continuaban allí es porque la señorita Stangerson, que deseaba que no se supiera nada y que actuaba para que no se supiera nada de lo sucedido, aún no había tenido tiempo de hacerlas desaparecer. Ello me conducía a buscar la primera fase del caso en un tiempo muy próximo a la segunda. Si, después de la primera fase, es decir, después de que el asesino se escapara, después de que ella volviese con rapidez al laboratorio, donde su padre la encontró trabajando, si hubiera podido entrar de nuevo un instante en el cuarto, al menos hubiera hecho desaparecer en seguida el hueso de cordero, la boina y el pañuelo que estaban en el suelo. Pero, como su padre no la dejó sola ni un momento, ella no lo intentó. Así pues, después de la primera fase no entró en el cuarto hasta las doce. A las diez entró alguien: el tío Jacques, que hizo lo de todas las noches: cerrar las contraventanas y encender la mariposa. ¡En su abatimiento sobre la mesa del laboratorio, donde fingía trabajar, la señorita Stangerson había olvidado, sin duda, que el tío Jacques iba a entrar en su cuarto! ¡Y así tuvo el impulso de rogar al tío Jacques que no se molestara! Que no entrara en el cuarto. Esto está con todas sus letras en el artículo de Le Matin. A pesar de todo, el tío Jacques entró y no se dio cuenta de nada, ¡tan oscuro es el «Cuarto Amarillo»!… ¡La señorita Stangerson debió de vivir entonces dos minutos horrorosos! De todos modos, yo creo que ella ignoraba que había en su cuarto tantas marcas del paso del asesino. ¡Sin duda, no tuvo tiempo después de la primera fase más que para disimular las huellas de los dedos del hombre en su cuello y salir del cuarto!… Si hubiera sabido que el hueso, la boina y el pañuelo estaban sobre el parquet, los hubiera recogido igualmente cuando entró a las doce en su cuarto… No los vio, se desnudó a la dudosa claridad de la mariposa… Se acostó, destrozada por tantas emociones y por el terror, un terror que la había hecho volver a la habitación lo más tarde posible…