El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Esto, señor presidente, es un cabello, un cabello rubio manchado de sangre, un cabello de la señorita Stangerson… Lo encontré pegado a una de las esquinas de mármol de la mesilla volcada… También esa esquina de mármol estaba manchada de sangre. ¡Oh, era un cuadradito rojo de nada y menos! ¡Pero sumamente importante! Porque ese cuadradito de sangre venÃa a decirme que, al levantarse enloquecida de su lecho, la señorita Stangerson habÃa caÃdo brutalmente todo lo larga que era sobre esa esquina de mármol, que la habÃa herido en la sien y que habÃa retenido este cabello, este cabello que la señorita Stangerson debÃa de tener sobre la frente, ¡aunque no llevara el peinado en bandos! Los médicos declararon que la señorita Stangerson habÃa sido golpeada con un objeto contundente y, como estaba allà el hueso de cordero, el juez de instrucción acusó inmediatamente al hueso de cordero, pero la esquina de una mesilla de mármol es también un objeto contundente, en el que ni los médicos ni el juez de instrucción habÃan pensado, y que tal vez ni yo mismo habrÃa descubierto si el lado bueno de mi razón no me lo hubiera indicado, no me lo hubiera hecho presentir.
Una vez más estuvo la sala a punto de romper en aplausos; pero, como Rouletabille reemprendió en seguida su declaración, el silencio se restableció inmediatamente.