El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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»El drama, pues, se desarrolló en esos cortos minutos. ¡Es necesario! Estoy viendo perfectamente a la señorita Stangerson dirigirse al pabellón, entrar en su cuarto para dejar el sombrero y encontrarse frente al bandido que la persigue. El bandido llevaba ya en el pabellón bastante tiempo. Debía de haber calculado las cosas para que todo pasara de noche. Entonces se quitó los zapatos del tío Jacques, que le estorbaban, en las circunstancias que expuse al juez de instrucción, procedió al robo de los papeles, como le dije hace un rato, y luego se deslizó bajo la cama cuando el tío Jacques volvió para fregar el vestíbulo y el laboratorio… El tiempo se le hizo largo… Después de marcharse el tío Jacques, volvió a levantarse, anduvo otra vez por el laboratorio, fue al vestíbulo, miró al jardín y vio que se dirigía hacia el pabellón (pues en aquel momento la tarde, que comenzaba a caer, era muy clara) ¡la señorita Stangerson sola! ¡Nunca se hubiera atrevido a atacarla a aquella hora de no haber creído con seguridad que la señorita Stangerson estaba sola! Y, para que le pareciera que estaba sola, era preciso que la conversación entre el señor Stangerson y el guarda que estaba entreteniéndolo tuviera lugar en un rincón apartado del sendero, un rincón donde hay un bosquecillo de árboles que los ocultaba a los ojos del miserable. Entonces ya tiene su plan. El solo con la señorita Stangerson en el pabellón va a estar más tranquilo de lo que lo hubiera estado en plena noche, con el tío Jacques durmiendo en el desván. ¡Y debió de cerrar la ventana del vestíbulo! Ello explica también que ni el señor Stangerson ni el guarda, bastante alejados aún del pabellón, oyeran el disparo.


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