El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo »Luego volvió al «Cuarto Amarillo». Llega la señorita Stangerson. ¡Lo que ha pasado ha debido de ser rápido como el relámpago!… La señorita Stangerson ha debido de gritar… o más bien ha querido gritar su espanto; el hombre la agarra de la garganta… Quizá va a ahogarla, estrangularla… Pero la mano de la señorita Stangerson, a tientas, ha cogido del cajón de la mesilla el revólver que tiene oculto allà desde que teme las amenazas del hombre. El asesino blande ya sobre la cabeza de la infeliz esa arma que en las manos de un Larsan-Ballmeyer resulta terrible: un hueso de cordero… Pero ella dispara…, sale el tiro, hiere la mano, que abandona el arma. Rueda por el suelo el hueso de cordero, ensangrentado por la herida del asesino… El asesino se tambalea, va a apoyarse en la pared, deja impresos en ella sus dedos rojos, teme otra bala y huye…
»Ella lo ve atravesar el laboratorio… Escucha… ¿Qué hace en el vestÃbulo? Cuánto tarda en saltar por la ventana… ¡Por fin, salta! ¡Ella corre a la ventana y vuelve a cerrarla!… Y ahora ¿ha visto, ha oÃdo algo su padre? Ahora que el peligro ha desaparecido, todo su pensamiento se dirige hacia su padre… Dotada de una energÃa sobrehumana, ella se lo esconderá todo, ¡si es que le queda tiempo todavÃa!… Y cuando vuelva el señor Stangerson encontrará cerrada la puerta del «Cuarto Amarillo», y a su hija en el laboratorio, inclinada sobre su mesa, atenta, trabajando ya.