El Misterio del cuarto amarillo

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Capítulo 28 - Donde se prueba que no siempre se piensa en todo

¡Gran conmoción, murmullos, bravos! El letrado Henri-Robert presentó sus conclusiones tendentes a que se aplazara el caso para otra sesión complementaria de la instrucción; el mismo ministerio público se sumó a ello. Se aplazó el caso. Al día siguiente, Robert Darzac era puesto en libertad provisional, el tío Mathieu se beneficiaba de un inmediato «no ha lugar». Se buscó en vano a Frédéric Larsan. La prueba de la inocencia estaba dada. El señor Darzac escapó, por fin, a la horrible calamidad que lo amenazó un instante, y pudo esperar, después de una visita a la señorita Stangerson, que, a fuerza de asiduos cuidados, algún día ella recobraría la razón.

En cuanto a ese crío de Rouletabille, fue naturalmente «el hombre del día». Al salir del palacio de Versalles la muchedumbre lo llevó en triunfo. Los periódicos del mundo entero publicaron sus hazañas y su fotografía, y él, que había entrevistado a tantos ilustres personajes, fue ilustre y entrevistado a su vez. ¡Debo decir que no por eso se mostró más orgulloso!

Volvimos juntos de Versalles, después de cenar con gran alegría en «El perro que fuma». En el tren empecé a hacerle un montón de preguntas que, durante la cena, se acumularon en mis labios y que, sin embargo, callé, pues sabía que a Rouletabille no le gustaba trabajar comiendo.


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