El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo El comienzo se remontaba a una época lejana en que, jovencita, vivía con su padre en Filadelfia. Allí, durante una fiesta en casa de un amigo de su padre, conoció a un compatriota, un francés que supo seducirla por sus modales, su inteligencia, su dulzura y su amor. Lo tenían por rico. Pidió la mano de la señorita Stangerson al célebre profesor. Éste obtuvo informaciones sobre Jean Roussel, y desde el primer momento comprendió que tenía que vérselas con un caballero de industria. Ahora bien, Jean Roussel, ya lo han adivinado ustedes, no era otro que una transformación más del famoso Ballmeyer, perseguido en Francia y refugiado en América. Pero el señor Stangerson no sabía nada de todo esto; su hija tampoco. Ésta sólo se enteraría de ello en las circunstancias siguientes: No sólo el señor Stangerson negó la mano de su hija al señor Roussel, sino que le prohibió el acceso a su casa. La joven Mathilde, cuyo corazón se abría entonces al amor y que no veía en el mundo nada más bello ni mejor que su Jean, se indignó. No ocultó su descontento a su padre, quien la envió a calmarse a orillas del Ohio, en casa de una vieja tía que vivía en Cincinnati. Jean se reunió con Mathilde allí, y, a pesar de la gran veneración que ella sentía por su padre, la señorita Stangerson decidió burlar la vigilancia de la vieja tía y huir con Jean Roussel, muy decididos los dos a aprovechar las facilidades de las leyes americanas para casarse cuanto antes. Así se hizo. Huyeron, pues, no muy lejos, hasta Louisville. Allí, una mañana llamaron a su puerta. Era la policía, que deseaba detener a Jean Roussel, cosa que hizo, a pesar de las protestas y de los gritos de la hija del profesor Stangerson. Al mismo tiempo, la policía comunicaba a Mathilde que «su marido» no era otro que el archifamoso Ballmeyer…