El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

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En cuanto a la señorita Stangerson, ¿qué podía hacer frente al monstruo? La primera vez, cuando, después de previas amenazas que la habían hecho estar sobre aviso, se presentó a ella en el «Cuarto Amarillo», intentó matarlo. Para desgracia suya, no lo consiguió. Desde ese momento era la víctima segura de ese ser invisible «que podía chantajearla hasta la muerte», que vivía en su casa, a su lado, sin que ella lo supiera, que exigía citas «en nombre de su amor». La primera vez le había «negado» esa cita, «solicitada en la carta de la oficina 40»; de ello resultó el drama del «Cuarto Amarillo». La segunda vez, avisada por una nueva carta suya, carta que llegó por correo, y que encontró con toda normalidad en su habitación de convaleciente, «rehuyó la cita», encerrándose en el gabinete con sus mujeres. En aquella carta el miserable le había avisado que, puesto que ella no podía desplazarse, «visto su estado», él iría hasta ella, y estaría en su habitación tal noche, a tal hora…, que se encargara de tomar todas las medidas para evitar el escándalo… Mathilde Stangerson, que sabía que tenía que temerlo todo de la audacia de Ballmeyer, «le dejó su habitación…». Fue el episodio de la «galería inexplicable». La tercera vez ella había «preparado la cita». Es que antes de abandonar la habitación vacía de la señorita Stangerson, la noche de la «galería inexplicable», Larsan, como recordaremos, le había escrito una última carta en su misma habitación, y la había dejado en la mesa de su víctima; la carta exigía una cita «efectiva», cuya fecha y hora fijó él después, «prometiéndole llevarle los papeles de su padre, y amenazándola con que los quemaría si lo esquivaba otra vez». Ella no dudaba de que el miserable tuviera en su poder aquellos preciosos papeles; con ello no hacía más que repetir un famoso robo, ¡pues ella sospechaba desde hacía mucho tiempo que había sido él mismo el que antaño había robado, «con su complicidad inconsciente», los famosos papeles de Filadelfia en los cajones de su padre!… ¡Y lo conocía bastante para imaginar que, si no se doblegaba a su voluntad, tantos trabajos, tantos esfuerzos y tantas científicas esperanzas no serían pronto más que ceniza!… Decidió volver a ver una vez más, cara a cara, a aquel hombre que había sido su esposo…, e intentar conmoverlo… Podemos adivinar lo que pasó… Las súplicas de Mathilde, la brutalidad de Larsan… El exige que renuncie a Darzac…, ella proclama su amor… Y la hiere…, «¡con el pensamiento fijo en hacer subir al otro al cadalso!», pues él es hábil, y la máscara Larsan que se pondrá sobre el rostro lo salvará…, piensa él…, mientras que el otro… tampoco esta vez podrá decir cómo ha empleado su tiempo… Por ese lado Ballmeyer ha tomado sus precauciones… y la inspiración fue de las más sencillas, tal como adivinó el joven Rouletabille…


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