El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Veinte años, adorablemente rubia, ojos celestes, tez blanca como la leche, radiante y de una salud espléndida, Mathilde Stangerson era una de las más hermosas jóvenes casaderas en todo el antiguo y el nuevo continente. Era un deber para su padre, a pesar del previsible dolor de una separación inevitable, pensar en ese casamiento, y no debió disgustarse al ver llegar la dote. Aunque no dejó, por ese motivo, de «internarse» en el Glandier con su hija, aun cuando sus amigos esperaban que presentara a la señorita Mathilde en sociedad. Algunos fueron a verlo y le manifestaron su asombro. A las preguntas que le hicieron, el profesor respondió: «Es la voluntad de mi hija. Soy incapaz de negarle nada. Fue ella la que eligió el Glandier». Interrogada a su vez, la jovencita replicó con serenidad: «¿En dónde podríamos trabajar mejor que en esta soledad?». Porque la señorita Mathilde Stangerson ya colaboraba con la obra de su padre, pero todavía no era posible imaginar que su pasión por la ciencia llegaría a hacerle rechazar a todos los pretendientes que se le presentaron durante más de quince años. Pero por más retirados que vivieran padre e hija, tuvieron que hacerse presentes en algunas recepciones oficiales, y, en ciertas épocas del año en dos o tres salones de personas de su amistad, donde la gloria del profesor y la belleza de Mathilde causaron sensación. Al principio, la extrema frialdad de la joven no desanimó a los pretendientes; pero, al cabo de unos años, se cansaron. Uno solo persistió con una suave tenacidad y se hizo merecedor del nombre de novio eterno, que él aceptó con melancolía: era Robert Darzac. Ahora, la señorita Stangerson ya no era joven, y parecía que, si no había encontrado motivos para casarse hasta los treinta y cinco años de edad, no los descubriría jamás. Evidentemente, tal argumento carecía de valor para Robert Darzac, ya que él no dejaba de hacerle la corte, si todavía se puede llamar «cortejo» a las atenciones delicadas y tiernas que se prodigan a una mujer de treinta y cinco años, que se ha quedado soltera y ha declarado que no se casará.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker