El Misterio del cuarto amarillo

El Misterio del cuarto amarillo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El cabriolé ya había llegado a la reja y Robert Darzac le pedía a Frédéric Larsan que le abriera la entrada del parque. Le decía que estaba muy apurado y que apenas tenía tiempo de llegar a Épinay para tomar el próximo tren a París, cuando me reconoció. Mientras Larsan abría la reja, el señor Darzac me preguntó qué podía traerme al Glandier en un momento tan trágico. Entonces noté que estaba atrozmente pálido y que su rostro reflejaba un infinito dolor.

—¿La señorita Stangerson se encuentra mejor? —le pregunté inmediatamente.

—Sí —dijo—. Quizás la salven. Tienen que salvarla.

No agregó: «o moriré», pero sentimos temblar el final de la frase al borde de sus labios exangües.

Entonces intervino Rouletabille:

—Señor, sé que está apurado. Sin embargo, necesito hablar con usted. Tengo algo muy importante que decirle.

Frédéric Larsan interrumpió:

—¿Me disculpan si los abandono? —preguntó a Robert Darzac—. ¿Tiene una llave o quiere que le dé ésta?

—Gracias, tengo una llave. Yo cerraré la reja.

Larsan se alejó rápidamente en dirección al castillo, cuya mole imponente se divisaba a un centenar de metros.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker