El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo ¡El «Cuarto Amarillo»! ¿Quién se acordaba ya de este caso que hizo correr tanta tinta hace unos quince años? Olvidamos tan de prisa en París… ¿No hemos olvidado hasta el nombre del proceso de Nayves y la trágica historia de la muerte del pequeño Menaldo? Y, sin embargo, en aquella época el público se interesó tanto por los debates, que una crisis ministerial que estalló entonces pasó completamente desapercibida. Ahora bien, el proceso del «Cuarto Amarillo», que precedió unos cuantos años al de Nayves, tuvo más resonancia aún. Durante meses el mundo entero buscó la solución a aquel oscuro problema, el más oscuro, a mi parecer, que jamás se haya propuesto a la perspicacia de nuestra policía y planteado a la conciencia de nuestros jueces. Cada cual buscó la solución a aquel problema desesperante. Fue romo un dramático rompecabezas sobre el que se encarnizaron la vieja Europa y la joven América. La verdad —me permito decirlo, «ya que no podría haber en todo esto amor propio de autor» y no hago más que transcribir hechos sobre los cuales una documentación excepcional me permite aportar nueva luz—, la verdad es que no creo que, en el campo de la realidad o de la imaginación, en el mismo autor de Los crímenes de la Rue Morgue, o hasta en las invenciones de los sub-Edgar Poe y de los truculentos Conan Doyle, se pueda encontrar algo comparable, EN CUANTO AL MISTERIO, «con el misterio natural del “Cuarto Amarillo”».
