La maquina de asesinar
La maquina de asesinar »Sólo debe de sacarnos de aquí para llevarnos a la bodega, última etapa antes… ¡antes de lo que vi!… Me estoy volviendo loca. ¡Ten compasión de mí. Dios mío!…
»¿Serán imaginaciones mías? Cuando, hace poco, se ha marchado, sus ojos no eran tan odiosos.
»Oigo sus pasos en la escalera.
»¡Oh, qué miedo tengo!»
***
«Ha entrado. Llevaba en la mano un tazón de caldo caliente. Me lo ha presentado, suplicándome con los ojos que lo aceptara. Sus ojos eran dulces y tristes.
»Sólo me había con la mirada. Está mudo; pero pudiera hacerme señas. Un mudo tiene cien procedimientos para darse a entender. Él se contenta con mirarme. ¿Por qué no me escribe? Ya sabes que tiene “lo necesario para escribir”. Se lo pusimos, con sus llaves, en los bolsillos.
»Parece al corriente de muchas cosas… Sabe, por ejemplo, servirse de las llaves que le pusimos en los bolsillos… Tengo pruebas… Ayer oí el ruido de cierto engranaje, seguido de un terrible retintín de llaves. ¡Temí que entrara!…
»Pero no le vi por la noche…
»Y esta mañana ¡están tristes sus ojos!…