La maquina de asesinar
La maquina de asesinar »¡Qué importa!… Pienso en aquella madre inventada por el poeta, a quien el hijo cortó la cabeza, que se llevó en un cesto. Cayó el hijo y rodó la cabeza, preguntando: “¿Te has hecho daño, hijo mío?”.
»¡No, no quiero morir!… ¡Estoy en Corbilléres!… ¡No quiero que haga conmigo lo que ha hecho con las demás!…
»¡No quiero correr la misma suerte que Annie! ¡Auxilio, auxilio!… ¡También yo pido socorro, Jaime!… Pero como en el caso de la víctima del último de los Coulteray, ¡llegarás demasiado tarde!… ¡Y sé dónde estará mi tumba!…
»He visto lo que Benito hacía con los restos de Annie. ¡Ya tabes dónde has de buscar mis cenizas!…
»¡Qué horror!… ¡Eso es lo que has hecho de mi Gabriel!… ¡No te perdono, no!… ¿Te parecía que le amaba demasiado? ¿Has hecho eso por celos?…
»¡Sé feliz!… Has sido mi verdugo…»
***
«Ha salido… He intentado huir; pero no se puede salir de este cuarto. Las que han pasado por aquí sabrían algo de esto.
»La ventana que da al jardín tiene barrotes, y la puerta es de una solidez a toda prueba.