La maquina de asesinar
La maquina de asesinar La emoción causada por la «continuación de los crímenes de Corbilléres» no hacía más que aumentar. La opinión pública estaba indignada. Olvidando, naturalmente, que había sido la primera en exigir que se condenara a muerte a Benito Masson, acusaba ahora a la policía, al tribunal y al jurado de que, como siempre, había obrado sin pruebas definitivas.
El pobre encuadernador (así se le llamaba ahora en los sucesos) había sido víctima, seguramente, de una espantosa maquinación —no se decía cuál—; pero como los crímenes continuaban, ya no podía dudarse de su inocencia.
En la gran prensa, la más encarnizada polémica ponía frente a frente a los líderes más populares. La justicia había encontrado defensores. Se había publicado una entrevista con el presidente del tribunal. Y se movió gran polvareda en torno a una declaración del procurador de la República.
