La maquina de asesinar
La maquina de asesinar El redactor de La Época había encontrado al cirujano, en el domicilio de éste, rodeado de un verdadero areópago, que seguramente se había reunido allí para discutir la única cuestión que entonces interesaba: la del «muñeco sangriento».
El periodista fue presentado a los doctores Pinet, Ferriére, Gayrard, Ilurand y Pasquette, todos ellos amigos y admiradores de Jaime Cotentin, y más o menos al corriente de sus trabajos.
He aquí, en resumen, las declaraciones del profesor Thuillier:
—Es una lástima que, en las excepcionales circunstancias que atravesamos, no podamos oír a Jaime Cotentin. Así sabríamos a qué atenernos y no ignoraríamos nada de lo referente al famoso muñeco que, según veo, comienza a hacer delirar a todo París…
En ausencia de nuestro disector, he podido hablar largo y tendido con el viejo Norbert, que, en lo suyo, también es un sabio dotado de espíritu científico. Y asimismo he hablado con un empleado del anfiteatro llamado Bautista, menos ignorante de lo que parece…
