La maquina de asesinar

La maquina de asesinar

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«¡El muñeco sangriento!… ¡El muñeco sangriento!…». No se oían otras palabras. Y se justificaba tratándose de una máquina de asesinar que corría en libertad por los caminos, de la que se podía ser víctima de un momento a otro, y a la que no se podía hacer nada, ya que podía recibir una cuchillada hasta el mango sin más molestia que la de una caricia, y, por lo tanto, estaba a prueba de balas… La gente decía ya que aun cuando la ametrallaran, las balas no harían más que atravesarle sin producirle ninguna inquietud… En cuanto a sus partes vitales (el sifón, la tubería, la «resistencia», todo lo que había citado el doctor Thuillier), era de suponer que estuvieran protegidas por un blindaje magnífico, digno de la cámara de máquinas de un acorazado… ¡Ah!… Aquel Jaime Cotentin que había resucitado a Benito Masson era más acreedor a la guillotina que el mismo encuadernador…

Así estaban las cosas cuando, a las diez de la noche, una edición especial de El Cuarto de Hora, diario abiertamente enemigo de La Época, publicó, en respuesta a las declaraciones del doctor Thuillier, las declaraciones del profesor Dille, decano de la Escuela de Medicina y miembro del instituto; declaraciones que, sin ambages, llegaban a la siguiente conclusión: «El muñeco sangriento es imposible».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker