La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Esto en el «interior». En el «exterior» era distinto. El ministro de Negocios Extranjeros calificaba brutalmente de criminales las indiscreciones aludidas.
El último artÃculo de La Época podÃa llevar lejos a los franceses con aquella evocación de las costumbres de la India, aparte de que contenÃa bastantes datos para indignar a toda la alta aristocracia inglesa, la cual no admitirÃa jamás que, aun cuando uno o varios de sus miembros fueran realmente culpables —lo que estaba por demostrar—, resultara comprometida por ello la reputación del partido conservador.
Y era insensato indisponerse con el partido conservador —inglés y francés— en un momento en que se necesitaba la buena voluntad de todos para resolver ciertos problemas internacionales, de lo que dependÃa el equilibrio de Europa.
Ello merecÃa un buen castigó, consistente, cuando menos, en la destitución. Al buen entendedor pocas palabras bastan, señor Bossiéres.