La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Toda la leña que se encontraba alrededor fue acumulada allí como por encanto. Y sobre la leña reseca del invierno se vaciaron bidones de esencia, facilitados por el mismo Verdeil. Los dos cuerpos fueron colocados allí encima, uno al lado del otro. El alcalde y el cura se hablan retirado. Y pronto se levantó una llama gigantesca, que hizo surgir el viejo castillo como del fondo de la historia de Francia, en un día de matanza y de incendio…
Durante largo tiempo retorció la hoguera sus inmensas lenguas escarlata por encima de la montaña… Luego, poco a poco, calmó su fuego devorador… Y pronto apareció un resplandor gozoso y amigo, como una hoguera de la noche de San Juan, recuerdo tranquilo de la cruel llama druídica…