La maquina de asesinar
La maquina de asesinar A requerimientos de Lebouc, explicó el disector que Bessie-Anne Elisabeth, a la que se creyó muerta una primera vez, no había padecido más que una cierta crisis cataléptica, en la que entraba por mucho la sugestión. Son numerosos los casos de personas que se creen muertas, sobre todo entre aquellas cuyo cerebro, demasiado débil, ha frecuentado excesivamente la idea del más allá… Bessie se creía muerta y cala en catalepsia para despertarse de noche, a la hora en que sabía que tenía que salir de la tumba, como todos los vampiros, bajo la obligación de un destino ineluctable… Jaime había seguido la primera noche, luego del entierro, a aquella figura fantasmal y había asistido al caso, que conocía perfectamente… La había visto volver a la cripta y colocarse ella misma en su sepulcro. Ella, por su parte, le había visto, le había mirado sonriendo tristemente y le había dicho con voz opaca: ¡Hasta mañana a medianoche! La catalepsia se le apoderó inmediatamente…
¿Cómo había salido por sí sola de la tumba? Eso es lo que se preguntó Jaime… Y llegó a la conclusión de que Sangor había acudido para realizar su horrible oficio, ella se había despertado cuando abría el féretro Sangor y éste había huido… Ello explicaba la facilidad con que Drouine había podido, varias horas después, librarse del indio, que, además, iba cargado de obsequios…