La maquina de asesinar
La maquina de asesinar —Pues como le digo, se miraba en la luna del armario… Con la lamparilla en la mano, se miraba de arriba abajo… Daba vueltas y más vueltas… La mujer que por primera vez se pone un vestido de gala no se examina con más cuidado ni con más complacencia antes de presentarse al mundo que aquel hombre… Se pasaba la mano por los cabellos, acercaba la cara al espejo, se tocaba las mejillas, la barba, la nariz, los oÃdos, la boca… ParecÃa muy satisfecho de sus dientes… Y tenÃa razón para ello…
—¿Y no hizo otra cosa?…
—Estuvo más de un cuarto de hora dedicado a eso… De repente…
—¿Qué?
—De repente pareció que se acordaba de algo, se dio una palmada en la frente y corrió hacia sus vestidos… ¿Corrió?…
La palabra no me parece del todo exacta… Pero es que tenÃa una manera de andar tan especial, que a cada paso que daba parecÃa que fuera a correr, que fuera a levantarse del suelo, que fuera a tomar un impulso como para no detenerse en seguida. Pero se detenÃa inmediatamente y sin ninguna dificultad.