El monje
El monje —¡Sentid este corazón, padre! Aún lo habitan el honor, la verdad y la castidad. Si mañana sigue latiendo, será presa de los más negros crÃmenes. ¡Oh! ¡Dejad, pues, que muera hoy! ¡Dejad que muera, mientras aún merezco las lágrimas del virtuoso! ¡Quiero expirar asÃ! —reclinó la cabeza sobre el hombro de él, y su dorado cabello se derramó sobre su pecho—. Cobijada en vuestros brazos, me sumiré en el sueño, vuestra mano cerrará mis ojos para siempre, y vuestros labios recibirán mi último aliento. ¿Pensaréis alguna vez en mÃ? ¿No derramaréis alguna vez una lágrima sobre mi tumba? ¡Oh! ¡SÃ! ¡SÃ! ¡SÃ! ¡Este beso es mi garantÃa!