Sub Sole
Sub Sole Después de una breve entrevista con el capitán de su guardia, el rei se dirijió a la sala del trono, donde ya lo aguardaban de rodillas i con las frentes inclinadas todos los magnates i grandes de su imperio. Colocado el monarca bajo la púrpura del dosel, proclamó un heraldo que, bajo pena de la vida, los allí presentes debian designar al rei al hombre mas ignorante, al mas fanático, al mas egoísta i vil i al que albergase mas odio en su corazón.
Los favoritos, los dignatarios i los mas nobles señores se miraron los unos a los otros con recelosa desconfianza. ¡Qué magnífica oportunidad para deshacerse de un rival! Mas, a pesar de que el heraldo repitió por tres veces su intimación, todos guardaron un temeroso silencio.
El enano del rey, una horrible i monstruosa criatura, echado como un perro a los pies de su amo, lanzó al ver la consternación pintada en los semblantes una estridente carcajada, lo que le valió un puntapié del monarca que lo echó a rodar por las gradas del trono hasta el sitio donde estaba el príncipe heredero, quien lo rechazó, a su vez, del mismo modo entre las risas de los cortesanos.
Por un instante se oyeron los rabiosos aullidos del infernal aborto hasta que, de pronto, enderezando su desmedrada personilla, gritó con un acento que hizo correr un escalofrío de miedo por los circunstantes: