Sub terra
Sub terra —Siento decirles que se quedan sin trabajo. Tengo orden de disminuir el personal de esa veta.
Los obreros no contestaron y hubo por un instante un profundo silencio. Por fin el de más edad dijo:
—¿Pero se nos ocupará en otra parte?
El individuo cerró el libro con fuerza y echándose atrás en el asiento con tono serio contestó:
—Lo veo difÃcil, tenemos gente de sobra en todas las faenas.
El obrero insistió:
—Aceptamos el trabajo que se nos dé, seremos torneros, apuntaladores, lo que Ud. quiera.
El capataz movÃa la cabeza negativamente.
—Ya lo he dicho, hay gente de sobre y si los pedidos de carbón no aumentan, habrá que disminuir también la explotación en algunas otras vetas.
Una amarga e irónica sonrisa contrajo los labios del minero, y exclamó:
—Sea usted franco, don Pedro, y dÃganos de una vez que quiere obligarnos a que vayamos a trabajar al Chiflón del Diablo.
El empleado se irguió en la silla y protestó indignado:
—Aquà no se obliga a nadie. Asà como Uds. son libres de rechazar el trabajo que no les agrade, la CompañÃa, por su parte, está en su derecho para tomar las medidas que más convengan a sus intereses.