Sub terra
Sub terra Durante aquella filÃpica, los obreros con los ojos bajos escuchaban en silencio y al ver su humilde continente la voz del capataz se dulcificó.
—Pero, aunque las órdenes que tengo son terminantes —agregó—, quiero ayudarles a salir del paso. Hay en el Chiflón Nuevo o del Diablo, como Uds. lo llaman, dos vacantes de barreteros, pueden ocuparlas ahora mismo, pues mañana serÃa tarde.
Una mirada de inteligencia se cruzó entre los obreros. ConocÃan la táctica y sabÃan de antemano el resultado de aquella escaramuza: Por lo demás estaban ya resueltos a seguir su destino. No habÃa medio de evadirse. Entre morir de hambre o morir aplastado por un derrumbe, era preferible lo último: tenÃa la ventaja de la rapidez. ¿Y dónde ir? El invierno, el implacable enemigo de los desamparados, como un acreedor que cae sobre los haberes del insolvente sin darle tregua ni esperas, habÃa despojado a la naturaleza de todas sus galas. El rayo tibio del sol, el esmaltado verdor de los campos, las alboradas de rosa y oro, el manto azul de los cielos, todo habÃa sido arrebatado por aquel Shylock inexorable que, llevando en la diestra su inmensa talega, iba recogiendo en ella los tesoros de color y luz que encontraba al paso sobre la faz de la tierra.