La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¿DĂłnde veis «lĂmites» en el espĂritu? —dijo Lenoir—. Puedo probar que el entendimiento del hombre, analizándose a sĂ mismo, debe descubrir en y por sĂ solo la estricta necesidad de la razĂłn de su existencia, la LEY que hace aparecer a las cosas y el principio de toda realidad. Por supuesto, no hablo más que desde el punto de vista de este mundo, con todas las reservas (si es que hay otro) de lo que mis sentidos no me revelan.
Lo confieso, me quedĂ© boquiabierto ante la esÂtĂşpida fatuidad del doctor.
—¡Cielos!… —pensé—; ¡nada puede empañar el armiño de su imbecilidad! Se trata de una demosÂtraciĂłn, por su mujer.
—¡Pero amigo mĂo, un sencillo cristiano os preÂguntarĂa porquĂ© la humanidad ha tenido que esÂperar hasta vos, seis mil años, antes de conocer la Verdad!… ¡vuestra verdad!… suponiendo que estĂ©is en su poder.