La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Concluyo que el espíritu constituye el fondo y el fin del universo. En el germen del árbol, en el grano de una planta, no se puede decir que el árbol y la planta se encuentran contenidos en pequeño: es preciso, pues, que se encuentren contenidos allí de un modo ideal. El árbol y la planta futuros, virtuales en su germen, se piensan allí oscuramente. Mediante la idea mediadora de la exterioridad, que es como la trama sobre la que se borda el eterno devenir del Cosmos, la IDEA se niega a sí misma, para probarse su ser, bajo forma de naturaleza, y podría reconstruir el hecho empleando la dialéctica hegeliana. La IDEA sólo crece volviéndose a encontrar en su negación. El movimiento contenido en el crecimiento de los árboles y de las briznas de hierba, ¿no es el mismo que hace oscilar y moverse sobre sí mismos a los soles proyectando sus anillos a través de los cielos y produciendo de este modo otros soles? Como los frutos caídos del árbol o las flores de las briznas de hierba producen otras flores y otros árboles, como el viento lleva por praderas y valles el polen vegetal, del mismo modo la velocidad centrífuga dispersa por los abismos el polen astral: es la germinación del mundo, que Hegel —como sabéis— consideraba como «una planta que crece».