La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Entonces el problema se reduciría a saber lo que es el «fósforo» y de «qué» son una secreción el cerebro, el Sol, el sentido de examen, la reflexión del universo en el pensamiento y de dónde procede la necesidad del ser de esas «secreciones» en vez de su no ser. De acuerdo: desde el momento en que hay una pregunta lo demás me es indiferente. Entre los fisiólogos y los metafísicos, el disentimiento sólo proviene de la diversidad de expresiones: la ciencia tiene sus países y sus lenguajes, como la Tierra. ¿Pero qué es lo que creéis decir afirmando que paralizáis las facultades del alma tocando los lóbulos de un cerebro?… Decir que paralizáis los aparatos, los órganos mediante los cuales se ejercen esas facultades mostrándose al exterior, no digáis que las tocáis, y menos aún que las suprimís. Es como si le cortárais las piernas a un hombre, añadiendo: «Te desafío a que andes.» Nada más.
—¡Estoy absolutamente asombrado! —murmuré con un aspecto confundido como si no hubiese sabido de memoria, desde la cuna, todas esas banalidades rebatidas y lamentables—. ¡Y bien, Lenoir, vuestras conclusiones!