La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Veamos, amigo mÃo —le dije—, ¿abusarÃais de vuestro derecho de Anfitrión hasta el punto de querer insinuarme que este TRONCO, por ejemplo, no es materia?
—¿Dónde veis la «materia» en ese TRONCO? —respondió.
Me tapé la cara con mis dos manos: el naufraÂgio de aquella inteligencia me hacÃa daño. ¡QuerÃa burlarse dé mÃ!… ¡De mÃ!
—¿Pretendéis que no veis materia? —le dije con estupor—; y que este tronco…
—¡Pero, en fin, si es elemental! —exclamó Lenoir, al que mi aparente ignorancia terminaba por exasperar y que me miraba por encima del homÂbro. Veo atributos de forma, de color, de polariÂdad, de peso, reunidos; denomino madera a un cierto agregado de cualidades. ¿Pero dónde se enÂcuentra lo que sostiene esas cualidades, en fin, la SUBSTANCIA, que esos atributos ocultan con su velo?… ¡Entre vuestras cejas; ¡Y en ninguna parÂte! ¡Os dais perfecta cuenta de que la «materia» en sÃ, no es sensible! ¡no se penetra!, no se muesÂtra y que la «substancia» es un ente puramente intelectual del cual el mundo sensible sólo es una forma negativa, un rechazo.