La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡Ah! —exclamó ella—. ¿Cómo os basta, como hombre, desarrollaros sólo a través de una serie de expresiones relativas cuya suma constituye vuestra ciencia? En ese caso, en lugar de ser perÂfectos animales, únicamente somos animales que mejoran y que un progreso indefinido encierra para siempre en una ley proporcional. Incluso si la cosa fuera verdad en absoluto no habrÃa de qué enorgullecerse; porque en mil años, con este sistema, estarÃamos aún cavando, como los topos: ¿qué importa el tamaño, el esplendor, la profundidad del agujero, si no sabemos que ese agujero ha de sepultar todo nuestro destino? si estamos abocados a la muerte, por fin, hacia la cual marcharemos con un paso cada vez más rápido, los cielos, incluso según las afirmaciones de la cienÂcia más positiva, han de hacerse más pronto o más tarde ardientes o mortales. Apenas podemos exaÂminar un pasado de seis mil años, apenas data nuestra aparición de unas cuantas horas y nos atrevemos a fundar en un grano de arena nuestras supremas esperanzas, cuando cualquier cosa nos hará volver sin remisión al polvo, a las tinieblas, a la nada.
—Pero —exclamé yo—, ¡la catástrofe de la que habláis tendrá lugar en un lapso de tiempo tan considerable que es casi absurdo pensar en ella! Primero conquistemos nuestra independencia soÂbre la naturaleza y luego ya veremos. Por otra parte, ¡después de nosotros el diluvio!… y mienÂtras tanto… ¡sea lo que sea!