La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Por lo menos creo, al margen de todos los vanos sofismas dialécticos —respondió Lenoir—, que por ejemplo la fuerza de las sugestiones que puede ejercer, desde el fondo de la TINIEBLA, un difunto vindicativo sobre un ser vivo que le fue familiar (al que, en consecuencia, le unen oscuraÂmente miles de miles de hilos invisibles), sà creo, como digo, que esta fuerza de sugestiones puede convertirse para ese ser en opresiva, aniquiladora, formidable, en fin, material, durante un tiemÂpo indeterminado. ¡Porque hay vivaces difuntos! en quien la muerte misma no ha abolido inmediatamente los sentimientos y las pasiones.
Vi que habÃa que acabar con farsas cuyo horror comenzaba a impresionarme a mà mismo.
—Amigo mÃo —le dije—, permitidme que os cite a Voltaire, un bello espÃritu, como vos: «Cuando el que habla ya no se comprende, cuanÂdo el que escucha ya no está en la conversación, a eso se le llama metafÃsica.»
Lenoir me miró silenciosamente.
—Es cierto —dijo Claire acercándose a nosoÂtros—: pero también ha dicho el mismo personaÂje, en alguna parte, en el cuento del Fénix: «La resurrección es una idea muy natural: es tan asombroso nacer dos veces como una.»