La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡Oh! —dije—, la resurrección… es de risa, creedme, que Voltaire, un espÃritu recto, haya deÂjado escapar esas tonterÃas.
—¡Bueno! —respondió Claire sonriendo—, si ponéis en cuestión la persistencia de la personaÂlidad en la muerte, yo podrÃa demostraros que en ello hay un gasto de espÃritu inútil. Y, en priÂmer lugar, ¿querrÃa saber si incluso no se encuenÂtra en cuestión en la vida? ¿Dónde el yo es él misÂmo? ¿Cuándo? ¿A qué HORA de la vida? ¿Vuestro yo de esta noche es el que será mañana?, ¿el de hace cincuenta años? No.
¡Somos los juguetes de una ilusión perpetua, os digo! ¡Y el universo sà que es realmente un sueño!… ¡un sueño!… ¡un sueño!…
—¡Un mal sueño, incluso! —añadió Lenoir, muy pensativo—: porque, sólo con estupor puedo reÂpetirlo, todo lo que he aprendido de filosofÃa no ha modificado la naturaleza inquietante y bárbaÂra que hay en mÃ, y tengo miedo de convertirme de una vez por todas, en algún otro sistema de visiones, en lo que soy.
¡Ah! si tuviera, como Claire, el trampolÃn de la fe para saltar fuera de estos lúgubres pensaÂmientos de quien soy salvaje prisionero!… Pero es que soy DEMASIADO de este mundo: no sé de un modo exacto, en una palabra, dónde dos y dos podrÃan muy bien no sumar cuatro. ¡Y, sin embargo!…