La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —A esto, ¡que ese compañero interior, ese ser oculto, es el único REAL!, y que es quien constituÂye la personalidad. El cuerpo aparente sólo es el rechazo del otro, es un velo que se oscurece o se ilumina de acuerdo con los grados de translucidez de] que lo mira, y el ser oculto se deja adivinar y reconocer allà sólo por la expresión de los rasgos de la máscara mortal. ¡A fin de cuentas, el orgaÂnismo sólo es un pretexto para el cuerpo luminoÂso que lo penetra! Y nunca pensarÃamos en el cuerpo, excepto quizás, para entretener con él la vida, si sólo existiera éste. Observadlo: si dos hombres se encuentran unidos por cualquier senÂtimiento, acaban por olvidar poco a poco los deÂtalles de su aspecto: ya no se ven; se encuentran en relación de una manera más profunda, su ser moral es lo que recÃprocamente ven; saben lo que son, por debajo del palpable simulacro.
—Eso es espacioso —murmuré yo, por decir algo.
—Y es lo que da la clave de muchas contradicÂciones misteriosas —añadió el doctor—. Hasta tal punto el cuerpo aparente no es lo real que, muy a menudo, no es un hombre quien habita bajo una forma humana.
—¡Oh! ¡oh!… —exclamé yo, con una crispación nerviosa, porque me pareció que un caimán emÂpezaba a saltar dentro de mÃ.